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Historia
del Solidarismo en Costa Rica
El solidarismo es un sistema que fomenta la producción, democratiza
el capital y satisface las aspiraciones o necesidades de empresarios
y trabajadores. Su filosofía es contraria a la lucha de clases.
Considera que debe unirse el capital y el trabajo, el patrono
y el trabajador, para juntos incrementar la producción y mejorar
las condiciones socioeconómicas de los trabajadores.
Origen
El
solidarismo costarricense tiene su origen en una experiencia
netamente costarricense, basada en el concepto de solidaridad
que señala la doctrina social de la iglesia.
En
Costa Rica, tuvo como antecedentes las reformas sociales de
1940-1943. Su fundador fue el abogado y economista costarricense
Lic. Alberto Martén Chavarría. En el año de 1947, lo inició
en el plano económico, como una solución a los problemas obrero
patronales que se produjeron con la promulgación del Código
de Trabajo. Posteriormente, la idea evolucionó y se intentó
llevar al campo político con la creación del partido Acción
Solidarista, que en 1962 presentó papeleta para diputados.
El
Lic. Martén fue ministro de Economía de la Junta de Gobierno
de 1948, por lo que le correspondió dirigir todo lo referente
a la nacionalización bancaria.
El Lic. Martén en 1947 fundó la Oficina de Coordinación Económica
de Costa Rica, y según publicación de la Unión Solidarista,
su objetivo era: "Trabajar por la armonía y cooperación de
patronos y trabajadores dentro de un espíritu de solidaridad,
para lograr el aumento de la producción y su equitativo reparo
dentro de las normas de eficiencia económica y justicia social".
Posteriormente, en 1949, estableció las bases filosóficas
del movimiento, esto permitió su desarrollo sobre principios
firmes y estables.
El
mérito del Lic. Martén Chavarría está en haber ideado una
fórmula para que la solidaridad pudiera encontrar una vía
de realización dentro de la empresa. El Plan Martén, como
se le conoció inicialmente, consiste en un Plan de Ahorro.
Los
recursos de la asociación solidarista provienen de dos fuentes
principales: el ahorro mensual de los trabajadores que, según
la Ley, puede ser entre el 3 y el 5 por ciento, y un aporte
mensual de la empresa, cuyo porcentaje se pacta entre ésta
y los trabajadores.
El aporte de la empresa no es una donación, sino que corresponde
a un adelanto sobre la cesantía del trabajador, que se le
entrega a este junto con el ahorro y el respectivo rendimiento
una vez que deje la empresa. Se forma así un Fondo de Ahorro,
a nombre de los trabajadores, quienes lo administran por medio
de una Directiva con el fin de brindarles todo un plan donde
su desarrollo económico, social y espiritual fomente empresarios
que manejen sus ahorros de la mejor manera posible y además
tengan acceso a préstamos y beneficios varios. Cuando algún
empleado deja la empresa voluntariamente o por despido, se
le da inmediatamente el Fondo de Ahorro Acumulado a su nombre,
constituido por sus ahorros y el del patrono.
El solidarismo no tiene compromisos políticos, partidistas,
religiosos o ideológicos, pero anima a sus integrantes a apoyar
y fortalecer la democracia. Pretende convertir la empresa
capitalista o burguesa en una institución ético-económica,
en cuyo seno se produzcan eficientemente y se distribuya con
equidad. Se propone unir sólida y fraternalmente a patronos
y trabajadores para que ayudándose mutuamente logren un mayor
bienestar al obtener una elevada producción y un equitativo
reparto. Se propone también, cooperar en el mejoramiento de
las relaciones para que más fuertemente pueda hacer frente
a las doctrinas que incitan al odio, la lucha de clases y
que conducen a la servidumbre; para que comprendan que en
la defensa de la empresa, defienden sus propios intereses,
y que los verdaderos enemigos de trabajadores y patronos,
son la pobreza y la ignorancia.
Para
el solidarismo el hombre es un ser en familia y para la familia.
Une en su labor de capacitación y en la acción de gestión
de las asociaciones, al trabajador, la empresa, entendida
ésta como una comunidad humana, a la familia y a la sociedad
en el logro del bien común. Presta gran atención a la formación
espiritual y cívica del trabajador, porque considera que éste,
antes de ser productor, es una persona. El solidarismo funciona
con la representación paritaria de representantes empresariales
y dirigentes solidaristas en todos los órganos de dirección
y con el aporte económico equitativo y proporcional de unos
y otros.
Evolución
de Solidarismo
A
finales de la década del 40 y principios de la del 50 aparecieron
las primeras empresas solidaristas, que fueron: Tienda La
Gloria, Trejos Hnos. y El Gallito Comercial. Por varios años
este movimiento se mantuvo inactivo, hasta el año 1972 en
que el Prob. Lic. Claudio Solano y un grupo de empresarios,
crearon la Asociación de empresarios Pro-Justicia Social y
Paz, con el propósito de impulsarlo. Este grupo de empresarios
estuvo integrado por los señores Luis Rodrigo de Bedout Larrad
de Muebles de Metal Alumiplastic; Ramón Ramírez Guier de Keith
& Ramírez y Alvaro Batalla González de Cinta Azul.
De 1972 a 1982, el Movimiento Solidarista pasó de 12 asociaciones
a varios centenares. Especialmente de 1978 en adelante, el
Movimiento se extendió del Valle Central a la zona Atlántica,
el Pacífico Sur y al Norte del país. Se ha trasladado del
sector industrial y comercial al agrícola, del sector privado
al público, y de Costa Rica que fue el primer país que lo
impulsó y puso en práctica, a El Salvador, Guatemala, Nicaragua,
Honduras, Colombia y Venezuela.
La
promulgación de la Ley de Asociaciones Solidaristas en 1984,
le ha dado al solidarismo los mismos derechos y prerrogativas
legales de los otros movimientos sociales como el cooperativismo
y el sindicalismo democrático. Actualmente, a la par de su
promulgación, está en la etapa de profundización doctrinaria
y de renovación técnica y administrativa, para lo que cuenta
con el gran impulso del Movimiento Solidarista Costarricense.
El
crecimiento del solidarista ha sido asombroso, como lo demuestra
el estudio del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de
setiembre de 1987, según el cual existen 1836 asociaciones
solidaristas con 212.088 trabajadores afiliados. Según se
indica en el acápite "Evolución de las organizaciones de trabajadores",
página 75, del libro Estado de la Nación en desarrollo humano
sostenible, las Sociedades Anónimas Laborales (SAL) han mostrado
un gran dinamismo durante 1995 y 1996, y continúan con su
creciente irrupción como instituciones del mercado de trabajo.
De estas instituciones -continúa- cerca del 60% son de servicios
profesionales y servicios generales. Al 31 de diciembre de
1996 se habían registrado un total de 140 instituciones de
las cuales un 59.2% estaban concentradas en San José y es
en Limón donde se encuentra el mayor porcentaje de socios,
con un 48.4% del total, encontrándose en esta provincia el
7.8% de la SAL. La disminución de los sindicatos activos fue
del 8.3% y la población sindicalizada se redujo en un 3.7%
en 1996.
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