San José, Costa Rica
 

TE VOY A SER FRANCO

Lic. Alvaro Cedeño


En un artículo publicado en la revista de negocios de la Harvard se decía que los equipos en los cuales existe la posibilidad de decir a los demás lo que nos parece que no está bien son más productivos. En cambio, los equipos en los cuales no se vale opinar sobre cómo vemos que lo están haciendo los otros, son menos productivos. Por definición, uno no puede en un equipo concentrarse a hacer un buen papel individual sino que de una cierta manera somos responsables del trabajo de los demás.

En un medio como el nuestro hay una gran reserva para dar información al otro de cómo vemos su trabajo. Existe el temor de disgustarlo. Existe una marcada tendencia a no meterse en enredos y concretarse a hacer nuestro trabajo, en una aplicación laboral de algo que socialmente nos caracteriza y que es la aplicación del decir de que "cada uno en su casa y Dios en la de todos". Cuando algo nos parece perjudicial para el equipo, para la empresa o para el grupo del cual se trate, lo primero que hacemos es reprimir el impulso de señalar lo que nos parece que anda mal. Y así seguimos reprimiendo hasta que la presión interna se hace insostenible y entonces estallamos con ira y lo que en un principio pudo haber sido una entrega apacible de información para mejorar el desempeño, se convierte en un torrente de quejas, de reclamos, y hasta de ofensas, las cuales no solo no logran el objetivo de corregir lo que nos parece que anda mal, sino que dejan huellas que perturban las relaciones futuras. Nuestra dificultad para ser francos crea un efecto de olla de presión con sus dispositivos de seguridad estropeados. En cambio, la naturalidad en ser sinceros podría haber creado un efecto cafetera: en cuanto la presión sube, se dan señales no explosivas de vapor. Es más civilizado y más eficaz el ir dando señales que ayuden a quienes trabajan o conviven con nosotros a darse cuenta de cuál es el efecto que su acción hace en nosotros o en el desempeño del grupo.

Nos hace falta lo que en inglés castellanizado se llama "asertividad" y que en nuestra lengua podríamos llamar "franqueza". Sin embargo, el término franqueza, quizá por la gran dificultad que tenemos en ser francos, está muy cargado de contenidos emocionales. Haga usted la prueba. Cuando alguien dice "te voy a ser franco" ¿Qué sigue? Pues en la mayoría de los casos lo que sigue es que dirá cosas que son ofensivas para aquellas personas a las cuales van dirigidas. "Te voy a ser franco" es casi una declaración de guerra. Casi ninguna persona pronuncia esa frase para decir un elogio o para decir cuanto valora la forma en que los demás se relacionan con ella. Es una frase para abrir boca cuando se va a decir cosas desagradables. Es como una petición de licencia par ofender. Especialmente cuando se le pronuncia con entonación y ritmo ominosos: ¡Te-voy-a-ser-franco! Y como los hablantes reconocen esa carga emocional en la frase, cuando la escuchan ponen oídos sordos, o empiezan a preparar su defensa, o peor, empiezan a preparar el ataque con el cual van a corresponder. Existen otras opciones. Por ejemplo, no acumular presión ni asuntos, ser muy descriptivo en lo que se señala, apegarse a hechos. O mejor, hacer peticiones en vez de hacer señalamientos. O pedirle a todos los miembros del grupo que reflexionen sobre cuáles elementos de su comportamiento podrían estar perjudicando la eficacia o el confort con el cual interactuamos. Quienes acusan, quienes censuran, lo hacen porque tienen poca esperanza en la posibilidad de que cada uno pueda descubrir cuáles modificaciones de su comportamiento podrían beneficiar al grupo. Tal vez el grupo pueda beneficiarse más de la autorreflexión de sus miembros, que de la "franqueza" hiriente de algunos.

Tomado del periódico: La Nación

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