San José, Costa Rica
 

JUEGOS DE POLVORA

Alvaro Cedeño

En distintas épocas han resultado atractivas las formas complicadas; muchos colorines, mucho retorcimiento. Y esto afecta no solamente a los objetos sino a otras formas de expresión humana. Algunos autores se quejan de que en la conducción de las empresas se ha venido dando un proceso de sofisticación innecesaria, el cual en algunos casos hemos comparado con los juegos de pólvora; ruido, brillo, luz, color y después sólo el humo.

¿Qué será lo que hace a una buena empresa? En materia de técnicas de gestión, durante muchos años existió un número reducido de libros que eran algo así como los libros inspirados de la administración, entre los cuales, desde entonces, sobresalían los de Peter Drucker. Uno de los más conocidos y que sigue teniendo vigencia era El ejecutivo eficaz. Del mismo autor era uno que posiblemente se llamaba La gerencia de empresas y que luego evolucionó en un libro monumental llamado La Gerencia: tareas, responsabilidades y prácticas. El año pasado se anunció un libro de dos mil páginas cuyo título traducido podría ser La gerencia el mejor recurso, posiblemente para recoger en un solo volumen la enorme cantidad de enfoques, conceptos, prácticas, técnicas que han surgido en los últimos años: justo a tiempo, calidad total, creación del valor, lealtad del cliente, equipos ad hoc y cien temas más, que si alguien se propusiera leer sobre todos, no le alcanzaría el tiempo para gerenciar.

Así que es mejor dejar el liderazgo, un tema muy conversado pero poco profundizado, para adentrarnos en el coaching, que es un tema menos pretencioso pero mucho más serio que el pretendido liderazgo centrado en principios, hoy por hoy, un tema de moda.

Hace años dos profesores de Harvard escribieron un bonito artículo cuyo título era más o menos: ¿Qué se hicieron los gerentes que se hacían cargo?, en el cual señalaban que a pesar de todas las modas y de todos los enfoques sobre el ejercicio de la gerencia, esta actividad seguía teniendo unas cuantas cosas indispensables. Lo cual recuerda aquella anécdota del empresario que llegó a tener mucho éxito en sus negocios sin haber completado la escuela primaria. Cuando le preguntaron las reglas que había seguido en su vida de empresario y que le habían llevado a cosechar tantos triunfos, respondió que siempre había seguido la regla del dos por ciento: ¡Comprar a cien y vender a doscientos! ¿Y entonces, qué será lo que es indispensable en el manejo de una empresa de mil empleados o en una de solo dos? Primero hay que tener un producto que le dé satisfacciones al cliente. Segundo, hay que tener presente siempre a ese cliente en todo lo que se haga en la empresa: cundo se adquieren las materias primas, cuando se las almacena, cuando se elabora el producto, cuando se lo pone en los estantes. Tercero, hay que ser perseverante en hacer la cosas bien. Hacer un esfuerzo un día, o una semana no es difícil. Lo difícil es hacerlo permanentemente, estemos del ánimo que estemos. Cuarto: hay que mantener la mente abierta, porque el éxito de hoy, podría no ser el éxito de mañana. Quinto, hay que formar una comunidad con todos los que participan en la empresa, lo cual no quiere decir, convertirlos en socios, pero sí preocuparse porque obtengan en la empresa no solo satisfacciones económicas sino también satisfacciones psicológicas, de realización personal.

¡Pero eso que queda dicho no es gerencia de empresas! Posiblemente, Por eso esta columna que se denomina "Vida en la empresa", muy frecuentemente pone más énfasis en lo de "vida" que lo de "empresa". Por eso en muchas empresas cuando se selecciona personal se ha empezado a tomar más en cuenta el carácter de las personas que sus conocimientos. Por eso cuando entrevistamos a un líder empresarial reconocido, nos habla menos de sus técnicas y más de su posición personal ante la vida.

La Nación, Lunes 5 de mayo, 2003

 

 

 

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