Había una vez un pequeño país
Por Walter L. López (q.d.D.g.),
Vicepresidente Ejecutivo
Movimiento Solidarista Costarricense
Había una vez un país muy pequeño, donde la mayoría de sus habitantes, gente de paz, labriegos sencillos, vivían relativamente contentos, y mucho mejor que algunos de sus vecinos.
Empezaron a vender productos de la tierra, especialmente café, que se hizo famoso en el mundo por su calidad. Después comprendieron que no se podía depender de cuatro productos. Abrieron sus fronteras y ahora exportan más de 3,700 productos.
De repente, reconocieron que en los últimos años el país se había estancado. Hicieron leyes y leyes que los tenía “entrabados”. Cuando alguien quería detener algo simplemente metía un “recurso de amparo” y ahí se detenía todo.
Se descuidaron, estaban trabajando con la misma infraestructura de hace veinticinco años y no habían podido reducir la pobreza y el desempleo. Aún así muchos vecinos se iban a vivir al país, porque les pagaban mejor. Era visible que pronto algunos vecinos los podrían superar
Un día, su mayor socio comercial “La Potencia” les ofreció que firmaran un tratado, que le daba al pequeño país mayor seguridad. Eso fue Troya, se despertaron unos grupos con los que los habitantes tenían que convivir. Esos grupos, especialmente en instituciones del gobierno, pedían y pedían, pero no ofrecían soluciones a los problemas del pequeño país, más bien se encargaban de alterar el orden, de bloquear las calles, de ofender la institucionalidad que tanto le había costado lograr a sus habitantes.
Entonces ellos no querían ese tratado, su lenguaje se volvió aún más belicoso, se les unieron algunos políticos reciclados y gente que cuando gobernó dejó en quiebra al país.
Se les notaba el odio, especialmente hacia el gobernante de turno, conocido como “El Capitán”. Él era la segunda vez que gobernaba y en el pasado hasta le habían dado un reconocimiento por llevar la paz a sus vecinos que estaban en guerra.
También tenían odio por “La Potencia”. El país había firmado con otra gente y nadie se había quejado. Es que “La Potencia” no les gustaba para nada, cosas ideológicas. También el resto de la población no aprobaba algunas acciones de “La Potencia” especialmente las guerras.
Entonces los grupos se dedicaron a decir mentiras y algunos habitantes le creyeron. Llegó al punto que empezaron a hablar pestes del “Senado” y decían que el verdadero poder estaba en las calles. Organizaban marchas de marchas, para todo. Los habitantes veían con tristeza como se interrumpía el tráfico y los servicios públicos, “es el costo de la democracia decían”,
Tanto fregaron y fregaron que un alto Tribunal decidió que los habitantes fueran a votar para decidir el asunto. Los grupos dijeron que aceptaban, pero aún así utilizaron una táctica para ver si se archivaba el tratado, hicieron una consulta a “La Sala” y cuando esta contestó, como el resultado no les fue favorable, la agarraron contra ella y dijeron que “El Capitán” lo tenía todo arreglado.
Al final, todos irán a votar y como los habitantes son gente de progreso, se alistan para decirle SI al tratado porque eso les asegura un futuro mejor, para ellos y sus hijos.
¿Y los grupos? Ahí estarán, sabrán que su tiempo ya pasó y se verán obligados a buscar formas de acomodarse a las nuevas condiciones del país. Tendrán que trabajar, duro duro, como en un cuento.