Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío . . .
A la memoria de Eugenio Pignataro Pacheco
Por Walter L. López (q.d.D.g.),
Vicepresidente Ejecutivo
Movimiento Solidarista Costarricense
Nos unió el trabajo. No fueron muchos años pero sí suficientes para conocer y hacerme amigo de Eugenio.
Eugenio tenía un sentido de humor increíble, eso nos acercaba más pues nos reíamos de los chistes que intercambiábamos. Yo creo que por eso tenía una sonrisa permanente.
Vacilaba porque en la película "El Padrino- se dice "los Pignataros no pagan impuestos" y yo a cada rato se lo recordaba.
Fue una de las pocas personas que me decía "Waltercito" así con cariño. Siempre le intrigaba que cargaba yo tanto en mi maletín. Nunca le dije, se quedó con el clavo.
En esa relación de trabajo, con el tiempo me fui dando cuenta del increíble currículum de ese humilde amigo, que poco hablaba de él, pero entre cosas me contó que tenía una casa grande, como él le gustaba. También me hablaba de sus religiosas idas a la iglesia los domingos. Se sentía muy orgulloso de su familia, de sus logros. Se le salía hasta los poros.
Siempre me decía, yo ya voy de salida, no quiero ya meterme en muchas cosas, pero al final lo convencían.
Lo conocí en Cámara de Comercio y luego cuando pasó a la Unión de Cámaras, estuvimos más de cerca, porque él coordinaba a Comisión de Desarrollo Social, entonces veíamos proyectos relacionados con los trabajadores.
Sin duda Eugenio fue un insigne trabajador del sector empresarial de este país. Mucho obtuvimos gracias a su trabajo, especialmente tendiendo puentes para que sindicalistas, cooperativistas, solidaristas y empresarios, trabajáramos juntos por Costa Rica, anteponiendo el interés común al gremial.
Precisamente en sus últimos días, andaba entre manos un proyecto con ese propósito.
Luego compartimos con él en las reuniones de los comentaristas de PANORAMA. Ya no escucharemos "este fue un comentario de Eugenio Pignataro Pacheco y de la Cámara Nacional de Radio". Fueron muchos sus comentarios. Nunca usó ofensa, amenazas o lenguaje belicoso. Sus comentarios eran certeros, producto de la pluma de un hombre que entendía muy bien nuestra problemática, decente y que además conocía a todo el mundo. Los contactos de Eugenio eran abundantes. Nunca escuché a alguien hablar mal de él.
Igual disfrutamos de su columna "dos más dos" en el periódico La República. Confieso que nunca me perdí una.
Cuando yo tenía algo que compartir con él, lo llamaba y sin pensarlo pasaba pronto por mi oficina y se tomaba el tiempo para escucharme.
El martes 13 de septiembre lo vi por última vez. Para variar me dijo "quédate, quiero hablar con vos un ratito". Me enseñó unos chistes, buenísimos por cierto, gozamos a más no poder.
El domingo 17 de septiembre me contestó un mail desde su casa. Raro, porque entiendo que él los domingos no trabajaba. Abrí mi correo el lunes dieciocho, sin saber que a las 6:30 de la mañana lo había sorprendido la muerte. Paradójico porque andaba caminando para ponerse en forma. Así es la vida.
En fin, que descanse en paz mi querido amigo, gracias por tu ejemplo y por querer y servir tanto a Costa Rica.